martes, 11 de mayo de 2010

Súper-yo

(Este cuento probablemente no dure mucho tiempo aquí. Les aviso. Por varios motivos. Entre ellos que no me gusta mucho y que cada 3 días le corrijo una parte. Voy a terminar por dejarlo en la papelera de reciclaje, jaja. Si quieren comentar algo, mejor. Estoy resolviendo historias de todos los tipos con los finales que más me conforman. No es nada personal :P )


Simón se acomoda la camisa dentro del pantalón y sale a trabajar. Apenas sale, como siempre, se encuentra a Doña Silvia que está barriendo la vereda. La saluda disimulando la bronca que le da tener que verla todas las mañanas:

-Buen día Doña Silvia


-Buen día Simón


“Buen día, buen día” repite en su interior burlándose de ella. Doña Silvia siempre encuentra un motivo para molestarlo: que por qué deja esa ventana abierta, que usted saca la basura una vez por semana y el olor que me hace, que sus abejas me tienen cansada, y una lista de cosas por el estilo. Simón, en el fondo, no quisiera saludarla, o de hacerlo, demostrarle a cara de perro lo mal que le cae. Pero prefiere disimular, y a esta altura el “buenos días” sale perfectamente normal.


En el trabajo, deja pasar que un compañero se olvide, por tercera vez, de darle un mensaje importante del jefe. Ya lo tiene harto pero juzga mejor no discutir, es preferible tratar de mantener un ambiente amigable en el lugar de trabajo antes que generar tensiones innecesarias, conociéndolo a Sergio que hace un mundo de cada tontería.


A las 2 sale con los demás por la avenida. Alguien propone quedarse en el centro a tomar un café y él piensa en la porción de estofado que podría calentarse en su casa, y el desorden que le produce tomar café con medialunas en vez de almorzar, y esta gente que ya tiene el estómago acostumbrado a cualquier porquería. Finalmente se queda con ellos para no quedar como un mal compañero y trata de pasar lo mejor posible la reunión.


Acaba por llegar a su casa cerca de las 5 de la tarde y su mujer, mientras acomoda papeles y guarda lo que necesita para dar clases esa noche, le reprocha que ya no tienen tiempo ni de tomar unos mates juntos antes de que ella salga a trabajar. María es profesora de psicología en una escuela nocturna, en general no es muy demandante pero ya han acordado aprovechar esa hora de la tarde, el único momento del día que tienen para conversar tranquilos, antes de que ella salga para la escuela.


Para las 7 ya merendó de nuevo aunque hubiera querido comer su estofado y empieza a pensar qué cocinará esa noche para los dos. Le gustaría más leer algo, o mirar una película, pero vuelve a tener tiempo pasadas las 10, y está cansado. Si bien no hizo lo que le hubiera gustado, tiene la ropa lista para mañana, cocinó y guardó una porción para su almuerzo, se bañó y limpió la parte que le toca de la casa.


Así pasan los días para Simón, los fines de semana participa religiosamente en las reuniones de la vecinal. Sus padres le pusieron Simón pensando en el gran Bolívar, pero la verdad, no tiene mucho de luchador: los sábados en la vecinal es un cuerpo inerte que a lo sumo corta el pasto.


-Mañana me vuelvo sí o sí a comer a casa –se dice mirándose al espejo antes de acostarse – nada de tomar café ni de acompañar a nadie a ninguna parte. Si lo que tengo ganas es de volver, ¿por qué no vuelvo y listo?


Esa noche soñó que dejaba su casa para irse de motoquero con un grupo de gente que no sabía de qué vivía. Se despierta envalentonado, seguro de sí mismo, esos sueños le encantan; se va de motoquero, descubre que es millonario y se dedica a viajar, lo invitan a vivir en una especie de comunidad dark.


-¿Por qué tengo que quedar bien, siempre?- pensaba la mañana siguiente- ¿qué puede pasar si le digo a Sergio que si sigue haciéndome quedar mal con el jefe yo le voy a complicar también las cosas a él? Nada, qué va a pasar. Como máximo me hará esa cara que hace cuando Norma le dice algo ¿por qué Norma puede decirle lo que le jode y yo no? Para quedar bien, para ser el compañero perfecto. ¡Pero si ni siquiera me eligen compañero del mes, nunca! Si de todas formas no me van a elegir, ¿para qué hacerme el correcto cuando me tienen harto?


-Buenos días, Doña Silvia, ¿cómo le va?- “¿y por qué sigo saludando así a esta vieja pesada? ¿qué se yo dónde está ese panal de abejas que tanto le molesta? Para ella todo está en mi patio. Ay, Doña Silvia, ¿por qué no me dejará de romper un poco las pelotas? ¿Ves? ¡es lo mismo con ella! ¿Si ya mismo no le caigo bien, en qué cambiaría que una vez la ponga en su lugar? “Mire Doña Silvia, yo no tengo tiempo para estar acá escuchándola, si no me cree que las abejas no son parientes míos es problema suyo, señora” me doy vuelta y de un portazo, me encierro en mi casa y no le abro más.


Pasa que es eso: siempre quiero quedar bien. El súper-yo, que le dicen. Tengo que ser así y asá, tratar de ser perfecto, y al final me terminan tomando el pelo… Ay súper-yo súper-yo.. ¡¡súper-yo!!: ¡¿por qué no me dejás un poco de jorobar, súper yo?!”



De vuelta en casa, esa tarde comenta con su mujer


- Estaba pensando en el súper-yo, ¿viste? Que te tiene ahí con sus órdenes haciendo cosas que no querés pero que están bien, que son correctas…


-ajá?- María lo mira intrigada


-estaría bueno convertirlo en una persona, ¿no? Qué se yo, imaginárselo como otra persona dentro de uno pero que le podés hablar, viste?


-Claro- responde María tratando de seguir la idea- para poder decirle cosas, qué se yo, como: mirá, esto no lo puedo hacer, algo asi?-


-Sí, o podés decirle que no querés hacer las cosas así, porque por ahí uno no quiere ser perfecto- acentúa Simón.


-Ah, claro -anota María- poner un poco a raya al deber ser


-Por ejemplo yo- asiente Simón- siempre estoy haciendo lo que debo, pasando por encima de mis ganas. Con Doña Silvia, sin ir más lejos, siempre la saludo bien cuando en realidad no la soporto. Y se me ocurre que capaz puedo quitarle poder si lo bajo al estado de persona a ese deber ser… Para poder discutirle, viste? Si lo denigro, si me la paso tirándole piedras, quizás lo baje del pedestal en que lo tengo,


- Y, puede ser, ni idea Simón- María se queda pensando que quizás Simón, antes que inventar personas, necesite un psicólogo.



Así empezó la lucha de Simón contra su súper-yo. Primero se hizo una idea de él como para hablarle de frente, lo imaginaba más alto que él, más atlético, con menos canas, más sonriente, pero con un bigote estilo Hitler y una mirada maligna que lo volvía perverso. Los primeros días se acordó de su idea cuando hacía algo que no quería, después de sonreírle a su vecina, por ejemplo.


Al mes, ya había mejorado. Solía recordarlo apenas se despertaba y empezar el día diciéndole “y, señor perfecto? Ya te resignaste? No te voy a hacer más caso, santulón, hoy hago lo que se me antoja. Y así, seguía despreciándolo cada vez que tenía un silencio.


Y cuando se acercaba una situación “de riesgo”, donde habitualmente intentaba quedar bien, los insultos a su súper-yo se ponían más violentos, y varias veces salió ganando.


Con el paso del tiempo Simón pudo ver avances, con la ayuda de su lucha contra ese personaje que simbolizaba lo debido, dejó de sonreír a su vecina y pudo decir que no quería quedarse en el centro después del trabajo.


Más aún, pudo decirle algunas cosas a Sergio y hasta llegó al trabajo con la camisa arrugada porque en vez de plancharla se había sentado esa tarde a leer una novela.


Seguía maltratando cotidianamente a su súper-yo, le había hecho una canción burlona y se decía que ya podía empezar a prescindir de él, si no le servía para nada.


Así lo hizo, un día. Comenzó a ignorarlo, sintiéndose en la cumbre de su desprecio por su súper-yo. Y aunque al principio pensaba bastante en él, aunque lo hiciera para confirmarse que lo ignoraba, pasado el tiempo necesario lo había olvidado. Ya no le molestaba, no le daba órdenes, ya no tenía indefectiblemente que ser perfecto.


Después de varios meses María sacó el tema:


-¿Y qué pasó con eso de tu súper-yo?


-¡Ah, mi súper-yo!- respondió Simón, sintiéndose contento de repente- lo liquidé nomás. De tanto estar vigilándolo, controlando que no se metiera, de tanto desautorizarlo, ya me dejó de molestar, vos sabés?-



Ahora Simón es un tipo normal. Como a todo el mundo, no le gusta su trabajo, y sin embargo lo eligieron empleado del mes (ese día tuvo que ir a festejar, como todos los meses, a la pastelería donde suele ir con sus compañeros después del trabajo, y se perdió de nuevo ese programa tan interesante en la tele).


Los domingos comenzaron a visitar a una tía abuela de María. Simón se aburre un poco pero es importante para ella, y prefiere darle el gusto. Los sábados sigue participando en la vecinal, y vuelve con la satisfacción del deber cumplido.


La última vez que Doña Silvia le dijo que su patio estaba lleno de abejas, él le respondió amablemente que se fijaría bien dónde está el panal, aunque sabe que no hay ninguno en su casa.


Piensa terminar la novela que empezó a leer aquella tarde. -Quizás mañana pueda sentarme un ratito a leer- se consuela. Y pronto se hace domingo otra vez.

miércoles, 5 de mayo de 2010

De un dibujo de mí, hecho a ciegas

El espacio por todos lados
tan amplio para caminarlo
tan hondo para vivirlo
imposible ocuparlo.

Dando los pasos más cortos
de lo que pueden mis piernas.
Los pasos, pequeños
se indignan de sí mismos.

Con un ojo adentro y uno afuera.
El de adentro pregunta un poco
y trata de salirse.
El de afuera, por temor
se mantiene cerca.

Ni aún las manos, tan fieles
tan honestas con el querer profundo
se muestran conformes
una alcanza aquella cosa, la otra sufre.

En fin, aquí, en esta hoja
lo que soy es un bichito
que sobrevive.

jueves, 29 de abril de 2010

Cartas para Laura

10 de marzo

Querida Laura:

Hace tanto que no nos vemos, fue tan rara la despedida, vos estabas tan linda en el negocio comprando caramelos para el viaje. Por suerte Don Justo te preguntó dónde ibas y le contaste... que la beca en Buenos Aires, que la Universidad...
Cuando te fuiste no alcanzaste a verme pálido, como dijo Don Justo, ni viste que me tuvieron que llevar a casa medio muerto. Es que sentí que se me caía el corazón, que se me aplastaba contra las suelas de los zapatos. Cuando me pegó la cachetada Don Justo y vi que Rosita me ventilaba con el diario supe que me había desmayado, como esa vez que sin querer me metí en una sala de parto. A mí nomás me pasan esas cosas.
Tuve la oportunidad de conocer a Mirta, una señora que hace de psicóloga en el hospital los días lunes, parece que ella siempre quiso estudiar esa carrera, y tuve como 15 lunes viéndola hasta que me dijo que la había cansado con vos: “Que Laura de acá, que Laura de allá”. La gente no entiende, amor de mis amores, lo que nosotros sentimos.

Tuyo por siempre

Pedro.

1 de abril

Amor mío:

Tu ausencia me está destruyendo.
Mi corazón vivía sólo por esos minutos en el almacén, y no era sólo yo ¡Con decirte que hasta a Don Justo se lo ve apagado! Y Rosita no sabe qué hacer, da vueltas como sonámbula por el negocio.
La angustia me consume.
Si pudiera decirte cómo te amo, rompería el silencio que me ahoga, la falta de tu voz que ya no me besa por las mañanas, como cuando te quedabas sin leche o sin mermelada, sobre todo. Aunque yo sé que preferías comprar en el supermercado, será que es más barato, como dicen. De todas formas no lo sé, porque desde que te fuiste la leche me cae mal y la mermelada, ni te cuento.
Espero que vos estés bien.

Siempre siempre tuyo.

Pedro.

8 de mayo

Mi amadísima Laura:

Hoy recuerdo aquél día cuando te confesé mi amor. Estabas en el umbral de tu casa, mirándome. Ya te había entregado el pedido y supiste que tenía algo más para decirte. No me salió nada pero ahí inauguramos esos silencios que tanto nos comunican, y al fin me dijiste “gracias, hasta luego” después de haberme pagado. ¡Qué feliz me sentí, cómo te quise!
Hoy es más firme que nunca nuestra capacidad de entendernos en silencio, con sólo mirarnos ¡Las palabras nos sobran! Sólo te escribo porque no estoy seguro de que estés mirando ahora para este lado. Pero estoy practicando, mi amor, pronto podré alcanzar tu habilidad de hablarme a larga distancia sin palabras.

Con todo mi amor que crece a cada instante
y tuyo

Pedro.

3 de julio

Laura:

Pasó mucho tiempo sin que te escriba, podrías haberme llamado o haberme escrito una carta. Estuve muy mal. Apenas me estoy reponiendo de una enfermedad: una neumonía rara, me parece, porque además de la tos y la fiebre, me hacía llorar por las noches y no pude levantarme de la cama hasta unas semanas después de que me dieran el alta.
Don Justo dice que me estoy haciendo el atorrante con la historia ésta de mi corazón roto con tu partida, que vos ni registrás que existo. ¡Si supiera Don Justo!
Yo sé que no me escribiste porque estás muy ocupada con eso de la Universidad, y que de todas formas ya sabías que estuve enfermo y eso, y hasta estoy seguro de que rezaste por mi los domingos, después de todo, si Dios no me curaba, quién podría hacerlo? Sos tan sabia, Laurita mía, tanto te quiero!
Seguiré esperándote

tuyo

Pedro.

15 de agosto

Mi amadísima Laura:

¡Estoy tan feliz! Hace tiempo planeaba esto pero quería sorprenderte: renuncié en el almacén, me voy con vos a Buenos Aires. Estos meses estuve ahorrando para viajar y Don Justo -aunque dice que es una locura- me recomendó a unos conocidos para que pueda conseguir trabajo.
¡Vamos a ser tan felices amor mio! ¡Tan felices! Ya tengo casi todo listo, no te preocupes por nada, con sólo existir ya me hacés feliz. No hace falta que respondas, me imagino tu alegría.
Ay, mi amor, nadie me ha hecho nunca tan afortunado. No veo la hora de abrazarte.

Cariños y sobre todo
tuyo

Pedro.

2 de septiembre

A la Srita. Laura Quesada

Por fin va a leer esta carta. Volví al pueblo a preguntar por usted y me facilitaron su nueva dirección. Soy Pedro, usted ya sabe.
Quería decirle que por su falta de consideración conmigo me veo obligado a privarla de mi amor.
Con tantos poderes de adivinación podría haberme avisado que se mudaba, de forma que no pasara lo que pasó.
Ahora Don Justo no me tiene confianza porque dice que estoy medio loco y comparto mi jornada con un novato que suele hacer todo peor que el pirado que suscribe.
Así que sabe usted dónde puede guardarse las miradas y las trasmisiones de amor telepáticas.
Ojalá se le rompan las cañerías y se le inunde toda su casa nueva, nuevita, nuevísima.

Ante todo
MIO

Pedro.

miércoles, 28 de abril de 2010

Ahora me irrita

Ahora me irrita
su compañía suave

tan sereno, lento, inquietante.

Esa paz que solía colmarme

me vuelve tirana

una dictadora, poniendo obstáculos

en su llanura mortal

con aires de matrona, odiosa

lo quiero, sí

pero vivo.

jueves, 22 de abril de 2010

ya basta de no estar

Ya basta de no estar
estoy harta
de no poder verte
no poder oírte
de desear encontrarte y frustrarme
de no querer desear para no frustrarme
...y frustrarme.

Ya basta de no estar
¿cómo pensabas
que íbamos a dejarte, perderte,
olvidarte
que iba a poder seguir la vida
de los demás -nosotros- sin recordarte?

Ya basta de no estar
basta de no responder
basta de este nudo en el estómago
basta de lágrimas de repente
basta de vacíos incómodos
basta de no querer creer
basta de que sea cierto.

Adentro una niña se acurruca en mi
y llora
por mas que me concentre
en ignorarla
ella se vuelve todo después
me ensucia la tranquilidad
me corrompe.

Ya basta por favor
que me duele como ese dolor
que tenías en la pierna amputada
hace tanto
y que estúpidamente volvía.
Me duele tu presencia que está
y que no está.
Y me duele aunque te veas tan sólido
tan tranquilo
tan bueno
aunque se te vea el alivio me duele.
Me duele de egoísmo
y de incredulidad.

Ya basta de intentar.
Que no hay costumbre posible
no hay.

Y yo te extraño tanto.


Pido disculpas por estas entradas monotemáticas. Es que necesito expresarme: todas las partes de mi están oscuras y para que recuperen el brillo necesito ir limpiándolas.

miércoles, 7 de abril de 2010

distracciones

Se trata de distraer
tu ausencia que estreno
hasta que extrañarte deje de doler
a cada paso
como un par de zapatillas nuevas.

sábado, 20 de marzo de 2010

La velocidad de la locomotora

Bajo la clara señal de adelante
en los dedos tiesos de un guardia irreal
se estrella una y otra vez
la abandonada locomotora gris

contra el tiempo.

Y sonríe burlona la brisa
frente a su nariz
haciendo alarde de su ser efímera
mientras continúa la locomotora
a un instante de alcanzar la meta

de la eternidad.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Alegría

He decidido revivir un poco este blog, y retomar uno de los deseos vitales más hondos que me llevaron a crearlo... Hoy comencé un taller de escritura creativa. Sabía que me hacía falta un poco de ayuda para escribirme y venía buscando espacios y materiales, pero recién ahora me permito asistir a un taller.
Resultado: una alegría que me brota de lugares tan hondos que me sorprende a mi misma hasta dónde llega lo que soy. Barril sin fondo!
un poemita para compartirlo:


ALEGRIA


Estoy parada justo donde quería

pisando suavemente mi lugar


tanto más suavemente


cuanto me eleva la alegría.




La alegría es un globo sin tiempo y sin límites.


Es incauta, desprevenida, ilógica


a la alegría no le inquieta su futuro ni su permanencia


no es mezquina ni es selecta


uno se alegra ahora como para siempre


sin medirse, explosivamente


con todo y sin poder elegir


(por esto si... por esto no...)



La alegría es un ahogo de vida

del que es mejor no cuidarse.

lunes, 8 de marzo de 2010

Mujeres

Tengo una emoción grande y un orgullo bien potente para hablar sobre las mujeres, las bellas, las admirables, las fuertes, las que tejen la trama que le da vida a la historia y las que van a cambiarla.
Aquí conmemoramos el día de la mujer los ocho de marzo, y más que una celebración es un día de memoria, de pensar en sus luchas, en sus reivindicaciones y en lo que han logrado para todas, para las que recién empezamos, para las que están naciendo y están creciendo ahora.
Las luchas de las mujeres son extraordinariamente solidarias, inclusivas y globales. Luchan por todas las mujeres y jamás se les ocurriría pensar en que exigen lo que exigen sólo para las propietarias, o las blancas o nada. Ningún "sólo". Las mujeres luchan juntas y por todas. Todas y todos. Aquellas primeras mujeres obreras que sufrieron aquellas primeras represiones fabriles también luchaban contra la explotación infantil; y eran compañeras de los obreros, mano a mano, igual de valientes, de tiernas y feroces.
Las mujeres que trabajan y que luchan por más belleza saben que este es su día y se alegran y sonríen y se saludan entre ellas con un amor y una sororidad dignas de una maravilla del mundo.

Hoy quiero hablarles a otras, las que están encerradas, las que no se animan, las que tienen miedo de salir, de ser. Las que no pueden porque están atrapadas, porque están secuestradas, porque están siendo explotadas, porque están siendo abusadas, maltratadas, violadas, en sus propias casas; porque están muriendo en partos a los que las obligaron en sus propias sociedades.
Quiero dejarles mi abrazo ancho, mi fuerza, mi solidaridad más profunda, con todo lo que me duele su dolor, y quiero poner todo mi deseo en sus honduras pálidas, para aportarles un poco de fuerza para salir, y las manos y el cuerpo para trabajar en lo que podamos hacer para ayudarlas.

Y quiero regalarles este video y esta canción tan potente (Ella, de Bebe), para que la canten conmigo a todo lo que nos da la voz -si no es posible, que grite la voz interior-, y para que reciban la energía de estas mujeres reales que ponen su fuerza para todas ustedes. Para todas nosotras.

domingo, 7 de marzo de 2010

Elogio de la mujer brava

No pude resistir la tentación de compartir con ustedes este texto, podría haberlo guardado hasta mañana, pero ya habrá mañana otro regalo para hacerles.
A las mujeres que admiro, a las que quiero por bravas. En las que me reflejo y me encuentro. Las que reconocen su valor y ejercen su poder como personas y más, como mujeres. Estas mujeres que serán capaces de ponerle a la historia -como vienen haciendo pero cada vez más- la inteligencia más humana y menos destructiva, la inteligencia que le falta a la historia de la especie en este planeta que nos sufre.
Mañana las honrare por trabajadoras, por constructivas, por hacedoras, hoy mi homenaje es simple y globalmente, por ser mujeres. Por animarse a serlo.

Es un texto que me pasó una compañera -de las que comparten el pan en la lucha-, de Héctor Abad Faciolince, escritor y periodista colombiano.


Elogio de la mujer brava

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

¡¡¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!

abrir los ojos

Abrir los ojos para soñar. Soñar para estar despiertas.
Despertar para ver el mundo
más acá, mucho más acá

de la realidad.