domingo, 11 de mayo de 2008

Espectadores de la guerra

Un conflicto armado no es más

que una tos enorme de algún diablo pestilente,

un paso y otro, mil pasos atrás.

Un retorcijón de vergüenza en los testigos

una patada, un golpe oscuro

una deficiencia del habla

un ojo opaco de un niño entregado.

Con la ciencia tan desarrollada

tanto para matar cuanto para espectar

los espectadores sin júbilo y sin poder

acompañan frente a sus pantallas.

Lloran demasiado poco.

Demasiado poco lloran, lo digo

porque no producen ninguna inundación

ningún grito multitudinario que cambie

el equilibrio ambiental y genere

al menos un sismo.

Tampoco sus palabras son suficientes

si bien las dicen y las escriben,

nunca llegan a armar una gran bola

de voces y discursos escritos

sobre papel, sobre bolsas o telas,

que bien colocada pueda frenar alguna bala.

O por lo menos un arrepentimiento

un sentimiento de culpa tan fuerte y general

que contagie y llegue hasta los confines de la tierra.

Por lo tanto, las mayorías que no guerrean

nunca hacen más que mirar

nunca superan la indignación

siempre abandonan no sólo

a las víctimas sino también a esos

grupitos de inconformistas que salen

por las calles con pancartas por la paz

y vuelven a casa a guardar sus lágrimas

en un frasquito.

solos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Vuelvo a entrar a tu blogs, y cada vez más me impacta esta poesía.
Gracias por impactarme el alma!

Noe Sánchez dijo...

Mil veces más gracias a vos

abrir los ojos

Abrir los ojos para soñar. Soñar para estar despiertas.
Despertar para ver el mundo
más acá, mucho más acá

de la realidad.